A veces ves a una persona y no sabes qué decirle. Quieres hablar con ella, pero la conversación no fluye. Tus intentos se vuelven vanos y te da la impresión que la estás aburriendo, que ya has perdido la chispa, que pronto te pondrá en la lista de no admitidos.
Y entonces te dice que se va a ver la tele y que se acuesta en media hora. Y te prometes que la próxima vez esperarás a que sea ella la que te diga algo, la que dé el primer paso. Quizás ese sea el inicio del fin de una historia que en realidad nunca empezó.
19.4.07
7.4.07
Días
Hay días, como hoy, en los que te dejas caer al fondo del barranco. Empiezas animada, con muchos planes (trabajaré un rato, iré a la piscina, pasaré por general óptica y por el hipercor, compraré los pepinillos y las cebolletas para la ensalada y entraré en la biblioteca a buscar una guía de Mongolia....). Luego, van pasando las horas, y sí, has trabajado (pero todavía te queda mucho para acabar) e incluso te has hecho una mascarilla, pero hasta ahí todo.
Ahora ya han cerrado la piscina, todavía vas con el pijama y llevas la mayor parte del día enganchada al solitario. Creo que son las hormonas, pero posiblemente esa explicación no es más que una excusa.
Quizás es el momento de agarrarse a una rama y salir del hoyo. Al menos ahora has dejado de jugar por un momento.
Ahora ya han cerrado la piscina, todavía vas con el pijama y llevas la mayor parte del día enganchada al solitario. Creo que son las hormonas, pero posiblemente esa explicación no es más que una excusa.
Quizás es el momento de agarrarse a una rama y salir del hoyo. Al menos ahora has dejado de jugar por un momento.
20.3.07
Addictions Vol. 2
Me gusta verte conectado. Saber que estás al otro lado de los cables. Aunque no me veas, aunque no hablemos. Compartes tiempo conmigo, aunque no lugar.
Ahora acabo de verte. El corazón me ha dado un vuelco y la mano ha estado tentada de introducir mi nombre de usuario y la contraseña para conectarme, para que vieras que estaba conectada y que sabía que estabas ahí.
Pero de momento estoy resistiendo. Ya llevo tres semanas enteritas sin decirte nada. Espero (deseo) que te desvanezcas pronto. Sin embargo, todavía me gusta verte conectado.
Ahora acabo de verte. El corazón me ha dado un vuelco y la mano ha estado tentada de introducir mi nombre de usuario y la contraseña para conectarme, para que vieras que estaba conectada y que sabía que estabas ahí.
Pero de momento estoy resistiendo. Ya llevo tres semanas enteritas sin decirte nada. Espero (deseo) que te desvanezcas pronto. Sin embargo, todavía me gusta verte conectado.
17.3.07
Obsolescencia
El tiempo pasa, pero a veces es difícil darse cuenta. Cumples años, pero te miras al espejo y te ves más o menos igual. Sin embargo, hay otras señales.
Como yo no me relaciono normalmente con niños pequeños, no me doy cuenta de lo rápido que crecen (es decir, de lo rápido que pasa el tiempo). Ahora, quien me avisa de que ya han pasado unos cuantos años es mi ordenador de sobremesa. Todavía tiene instalado Windows 2000 (el ordenador es más nuevo, pero desde que me quedé sin informático en casa me da pánico cambiar el sistema operativo y arriesgarme a perder todos los datos).
Total, que con Windows 2000 no me puedo instalar la versión nueva de Msn y no veo los mensajes off-line, tampoco puedo actualizar mi página Web, pues la nueva versión del SmartFTP no me funciona (y al bajármela machaqué la antigua porque le ponen el mismo nombre) y ahora, por si fuera poco, tampoco puedo actualizar este blog, pues la página se me queda colgada.
La solución está en conectarme a internet desde el portátil que utilizo para trabajar (con Windows XP), traspasar los archivos por Bluetooth y dedicar 10 minutos a todas estas actualizaciones. Supongo que pronto me armaré de valor y actualizaré Windows 2000 (quizás cuando sepa seguro si Windows Vista me permitirá hacer copias de mi música y de mis películas favoritas).
Como yo no me relaciono normalmente con niños pequeños, no me doy cuenta de lo rápido que crecen (es decir, de lo rápido que pasa el tiempo). Ahora, quien me avisa de que ya han pasado unos cuantos años es mi ordenador de sobremesa. Todavía tiene instalado Windows 2000 (el ordenador es más nuevo, pero desde que me quedé sin informático en casa me da pánico cambiar el sistema operativo y arriesgarme a perder todos los datos).
Total, que con Windows 2000 no me puedo instalar la versión nueva de Msn y no veo los mensajes off-line, tampoco puedo actualizar mi página Web, pues la nueva versión del SmartFTP no me funciona (y al bajármela machaqué la antigua porque le ponen el mismo nombre) y ahora, por si fuera poco, tampoco puedo actualizar este blog, pues la página se me queda colgada.
La solución está en conectarme a internet desde el portátil que utilizo para trabajar (con Windows XP), traspasar los archivos por Bluetooth y dedicar 10 minutos a todas estas actualizaciones. Supongo que pronto me armaré de valor y actualizaré Windows 2000 (quizás cuando sepa seguro si Windows Vista me permitirá hacer copias de mi música y de mis películas favoritas).
2.2.07
Resurrección

La Flor de Pascua que compré para Navidad no me duró ni hasta Fin de Año. Sus hojas fueron cayendo una a una. Suicidio, pensé yo. La había regado tal y como decían las instrucciones y la mantenía en un lugar soleado y a temperatura superior a 18 ºC. Eso sí, nunca le dije nada. No hablo con las plantas.
Total, sin hojas y con sólo tres tronquitos me olvidé de ella. Seguía estando en la estantería, esperando a que me deshiciera de ella. Hoy, sin embargo, mientras doblaba la ropa limpia me he fijado que han brotado nuevas hojas. Todavía son pequeñas, pero definitivamente, son hojas.
¿Significa esto que la planta vivirá o son sólo los últimos estertores antes del abandono definitivo? Por si acaso, la he vuelto a regar (espero no haberla ahogado), pero sigo sin tener nada que decirle.
30.1.07
Addictions Vol. 1
Ayer caí. Me arrepentí al instante, pero ya era demasiado tarde. En realidad hace días que me lo venía buscando. Hoy, de vuelta a la casilla de salida. A ver cuánto aguanto esta vez.
Como cantaba Robert Palmer: you’re simply irrisistible
Como cantaba Robert Palmer: you’re simply irrisistible
28.1.07
Recuerdos
Cuando era pequeña, en la peluquería de mi abuela, para que me entretuviera me daban un listín telefónico. Uno con las páginas azules o bien las páginas amarillas. Yo contaba las páginas y me sorprendía que no coincidiera el número que yo contaba con el que aparecía en la esquina de arriba (en el listín azul, las páginas pares e impares, en el amarillo, el número de la categoría del primer servicio que aparecía en la página). Las clientas se sorprendían que yo estuviera allí, tan quietecita, simplemente contando las páginas de un listín.
También me gustaba jugar con los rulos y bigudíes, los ordenaba por tamaños, formas y colores y los colocaba en los diferentes estantes del carrito, que a su vez estaban divididos en parcelas más pequeñas. A casa podía llevarme las cajas de cartón con los separadores. Las podías desmontar y descubrías que una especie de E’s encajaban para formar una celosía, que se aguantaba sin necesidad de pegamento (en aquella época, sin embargo, no sabía lo que eran las celosías).
Y de todo esto me he acordado mientras hacía los deberes de inglés. Qué cosas tiene la mente.
También me gustaba jugar con los rulos y bigudíes, los ordenaba por tamaños, formas y colores y los colocaba en los diferentes estantes del carrito, que a su vez estaban divididos en parcelas más pequeñas. A casa podía llevarme las cajas de cartón con los separadores. Las podías desmontar y descubrías que una especie de E’s encajaban para formar una celosía, que se aguantaba sin necesidad de pegamento (en aquella época, sin embargo, no sabía lo que eran las celosías).
Y de todo esto me he acordado mientras hacía los deberes de inglés. Qué cosas tiene la mente.
17.1.07
Sensaciones repetidas
Hoy tengo una sensación que hacía mucho no experimentaba, una sensación desagradable, como de vacío o de impotencia. Hoy has estado conmigo, pero no sé por qué siento que nunca serás mío.
La sensación me ha golpeado al quedarme sola, como la otra vez. Aquella vez me quedé llorando en la puerta. Hoy simplemente he decidido no ir de rebajas. Supongo que acabaré llenando el vacío con un plato caliente (mañana ya iré al gimnasio a quemarlo).
La sensación me ha golpeado al quedarme sola, como la otra vez. Aquella vez me quedé llorando en la puerta. Hoy simplemente he decidido no ir de rebajas. Supongo que acabaré llenando el vacío con un plato caliente (mañana ya iré al gimnasio a quemarlo).
5.1.07
Sonrisa tonta
Este año he vuelto a poner por escrito los objetivos que quiero conseguir. Entre ellos está el de ir al gimnasio o hacer ejercicio una media de tres días por semana. De momento, en lo que llevamos de la primera semana del año, ya he ido 4 veces, con lo que este objetivo de momento lo estoy cumpliendo.
Ayer, en el gimnasio, mientras corría en la elíptica, se puso en la cinta de correr de enfrente un tío súper-cañón. Buen cuerpo, moreno y bastante majo de cara (reconozco que no llevaba ni las gafas ni las lentillas, por lo que puede ser que esté exagerando). En fin, el caso es que desde que me fijé en él no pude evitar que se me fuera escapando la sonrisa tonta mientras seguía corriendo.
Intenté que no se me notara que estaba mirándole, distrayendo la vista hacia los televisores del fondo, pero de vez en cuando, mi mirada volvía a él. Me fijé que él también hacia ejercicio con cara sonriente, supongo que porque debe saber el efecto que causa.
No hubo miraditas (gracias al cielo, porque soy fatal en eso) ni conato de acercamiento por su parte, y en cuanto acabó de correr ya no volví a verlo más, pero fue uno de aquellos días en los que ir al gimnasio te deja con ganas de volver (a pesar de que al día siguiente te duela todo el cuerpo).
Ayer, en el gimnasio, mientras corría en la elíptica, se puso en la cinta de correr de enfrente un tío súper-cañón. Buen cuerpo, moreno y bastante majo de cara (reconozco que no llevaba ni las gafas ni las lentillas, por lo que puede ser que esté exagerando). En fin, el caso es que desde que me fijé en él no pude evitar que se me fuera escapando la sonrisa tonta mientras seguía corriendo.
Intenté que no se me notara que estaba mirándole, distrayendo la vista hacia los televisores del fondo, pero de vez en cuando, mi mirada volvía a él. Me fijé que él también hacia ejercicio con cara sonriente, supongo que porque debe saber el efecto que causa.
No hubo miraditas (gracias al cielo, porque soy fatal en eso) ni conato de acercamiento por su parte, y en cuanto acabó de correr ya no volví a verlo más, pero fue uno de aquellos días en los que ir al gimnasio te deja con ganas de volver (a pesar de que al día siguiente te duela todo el cuerpo).
23.12.06
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